miércoles, 18 de abril de 2012

Alguien a quien solía conocer...

A veces simplemente oyes una canción, te paras a escuchar la letra y te descubres leyendo tu historia y tus sentimientos, que se muestran como un libro abierto en alguna de las frases. Los momentos vividos, las sensaciones que produce, siempre son iguales, se repiten a través de los tiempos, de las personas, de las relaciones… Te das cuenta de que existen momentos iguales que vivimos una y otra vez, todos en algún punto de nuestra vida nos hemos sentido así, y ahí está la capacidad de llegarte al corazón, cuando una canción es capaz de decir lo que piensas o sientes, y simplemente cierras los ojos y te descubres en las frases que escuchas… A veces el realismo es tal que se abren viejas heridas, otras simplemente te hace volver a sentir, y las ganas de poder gritar ciertas cosas se acentúa… Hay momentos, terapias, sensaciones, que tan sólo están ahí para recordarnos que siempre, lo vivido, es algo que te llenó de vida en su día, que dolió una vez, y que siempre, pase lo que pase, estará ahí en cierta forma si te ha llegado a tocar el corazón, y que a pesar de los reproches, siempre queda ese momento en el que ojalá se pudiera volver atrás y volver a revivir las cosas buenas aunque las malas vuelvan a venir después…

SOMEBODY THAT I USED TO KNOW
Now and then I think of when we were together
Like when you said you felt so happy you could die
Told myself that you were right for me
But felt so lonely in your company
But that was love and it's an ache I still remember

You can get addicted to a certain kind of sadness
Like resignation to the end, always the end
So, when we found that we could not make sense
Well, you said that we would still be friends
But I'll admit that I was glad that it was over

But you didn't have to cut me off
Make out like it never happened and that we were nothing
And I don't even need your love
But you treat me like a stranger and that feels so rough
No, you didn't have to stoop so low
Have your friends collect your records and then change your number
I guess that I don't need, that though
Now you're just somebody that I used to know
Now you're just somebody that I used to know
Now you're just somebody that I used to know

Now and then I think of all the times you screwed me over
But had me believing it was always something that I'd done
But I don't wanna live that way, reading into every word you say
You said that you could let it go
And I wouldn't catch you hung up on somebody that you used to know

But you didn't have to cut me off
Make out like it never happened and that we were nothing
And I don't even need your love
But you treat me like a stranger and that feels so rough
No, you didn't have to stoop so low
Have your friends collect your records and then change your number
I guess that I don't need, that though
Now you're just somebody that I used to know

Somebody, I used to know
Somebody, now you're just somebody that I used to know
Somebody, I used to know
Somebody, now you're just somebody that I used to know

I used to know
That I used to know
I used to know
Somebody


De vez en cuando pienso en cuando estábamos juntos
Como cuando me decías que te sentías tan feliz que podrías morir
Me dije que eras adecuado para mí
Pero me sentía tan solo en tu compañía
Pero eso era amor y es un dolor que aún recuerdo
Puedes volverte adicto a cierto tipo de tristeza
Al igual que resignarte al final
Siempre al final
Así que cuando supimos que lo nuestro podría no tener sentido
Bueno, dijiste que seríamos amigos
Pero admitiré que me alegró que todo terminara.
Pero… no hacía falta que me alejaras
Hacer como si lo nuestro nunca hubiera pasado
Y que no fuimos nada
Y ya ni siquiera necesito tu amor
Pero me tratas como a un extraño
Y sienta tan mal…
No tenías que caer tan bajo
Haz que tus amigos recojan tus cosas
Y después cambia de número
Supongo que no es necesario siquiera
Ahora que sólo eres alguien a quien conocía
Ahora que sólo eres alguien a quien conocía
Ahora que sólo eres alguien a quien conocía…
De vez en cuando pienso en todas las veces que me hacías daño
Y me hacías creer que siempre era por algo que yo había hecho
Y no quiero vivir de esa manera
Atenta a cada palabra que dices
Dijiste que podrías dejarme ir
Y que no te sorprendería estando con alguien a quien conociste
Pero… no hacía falta que me alejaras
Hacer como si lo nuestro nunca hubiera pasado
Y que no fuimos nada
Y ya ni siquiera necesito tu amor
Pero me tratas como a un extraño
Y sienta tan mal…
No tenías que caer tan bajo
Haz que tus amigos recojan tus cosas
Y después cambia de número
Supongo que no es necesario siquiera
Ahora que sólo eres alguien a quien conocía
Ahora que sólo eres alguien a quien conocía
Ahora que sólo eres alguien a quien conocía
Alguien…

(la traducción es relativa... se hace lo que se puede, pero queda la esencia...)

viernes, 13 de abril de 2012

Yo en un tubo, otra vez...

La consulta está llena, no queda ni una silla libre. Estoy tensa, como siempre que vengo, no puedo evitarlo. Noto las miradas que me observan, no por mí, sino por mi uniforme azul, parece que la ropa que lleves determina que estés en un lado o en otro, y soy consciente de que, vestida de enfermera, no quedo demasiado bien en la sala de espera, donde una cantidad de gente me observa mientras permanezco en un rincón, nerviosa… Espero que acabe pronto esta vez, pienso, aunque sé que esos minutos tumbada en la camilla mientras siento cómo me desgarran por dentro se me hacen eternos, siempre ocurre…
Lo sé, lo asumo, respiro hondo, ya me toca…
Es extraño que a pesar de conocer el método, los pasos, a pesar de saber qué sentiré en cada momento, lo que me va a doler, cómo irá, lo que durará, incluso los síntomas de los días siguientes, a pesar de eso, siempre es una situación nueva, no vivida o vivida demasiadas veces. Estoy cansada de esperar, de aguardar un final que no acaba de llegar, y mientras tanto, mientras los meses pasan y tan sólo soy una paciente más, me pregunto por qué la vida es tan injusta. Estoy tumbada y pienso en las olas del mar, cierro los ojos y me imagino echada en la playa, respirando el olor a salitre, sintiendo la brisa marina sobre mi piel.
La enfermera coge mi mano, la aprieta y me intenta dar conversación, se agradece por una parte, por otra sólo quiero desaparecer… No dura mucho, por suerte, siempre es un espacio de tiempo relativamente corto aunque intenso, pienso en que en ese momento mi mar se desvanece, desaparece ante mis ojos al notar la punzada de dolor que me recorre. Es como un aguijón que se clava en la carne, como una hoja de bisturí que hace un corte limpio, y la piel (que no es la piel) se desgarra y deja ir un pedazo de sí que acaba en un tubo de muestras con mi nombre escrito.
Qué sensación tan extraña y a la vez ajena, soy yo tumbada, soy yo metida en un tubo, soy yo perdida en la playa mientras escucho una voz que me dice que ya está, que puedo levantarme con cuidado y vestirme. Lo hago mientras respiro hondo, por fin se ha acabado por hoy, ahora a descansar y a vivir los días siguientes de la mejor manera, esperando que el dolor mitigue con las horas, que la hemorragia sea leve, y que la espera se convierta en el más doloroso de lo vivido en el día de hoy.

martes, 20 de marzo de 2012

Consecuente

Los meses que pasan van reforzando ideales… Me doy cuenta de que he tenido que aprender a cruzar la línea para poder ser yo, vivir en paz, tranquila conmigo misma y con mi entorno. Tanto tiempo con una venda en los ojos, una venda impuesta por la sociedad, por las costumbres, por la ignorancia… una venda manchada, llena de demasiado dolor… Ahora he aprendido a ser consecuente, a defender lo que pienso con mis actos cada día, porque ya no me vale predicar sin dar ejemplo, porque ahora, hoy por hoy, sé que puedo hablar tranquila, sintiendo que lo que digo y lo que defiendo es exactamente lo que muestro.
Mi estilo de vida ha cambiado para convertirse en algo distinto, en una lucha diaria llena de obstáculos, curiosidades, burlas… y no me importa, nada me importa más que la satisfacción de dormir tranquila por las noches, de empezar el día y acabarlo con mi conciencia en paz.
Cuando el sentimiento se aúna, cuando veo que hay tanta gente que siente lo mismo, me invade una oleada de satisfacción y de alegría dentro de tanta derrota, porque cada vez que alguien alza la voz, cada vez que alguien toma la decisión, a mi parecer correcta, cada alma que se despierta o cada corazón que se estremece ante el sufrimiento, es un pequeño paso que damos aquellos que pretendemos que esta vida sea equitativa para todo ser vivo.
Tantos seres vivos en este planeta que no tienen voz… tanto sufrimiento generado por el ser humano para el simple disfrute de una raza (¿superior?) a partir de una degeneración brutal de otras, tan poca humanidad en el ser humano me hace sentir vergüenza de mi propia especie. La vida nos es dada, es un regalo, y todos tenemos el mismo derecho a la vida…
Ojalá lleguen mis ojos a ver el día en el que el respeto por la vida es lo que prima en el mundo, y no tantos intereses materiales que dejan de lado lo más importante y a la vez más básico de nuestra existencia, el respeto y el amor.
Soy consecuente con lo que pienso, ya puedo decirlo con la cabeza bien alta, y sí, sé que para muchos seré la rara de turno, pero no cambiaría ni un ápice mi grado de sensibilidad, es lo que me hace ser quien soy y, el día que eso cambie, si algún día cambio… esa no soy yo.
Y hoy estoy especialmente contenta, es un día especial, un día que marca una fecha en el calendario, un día importante por ser el día que es, e importante por ser el que cumple un año. Y lo pienso y me parece mentira que haya pasado un año ya, es tanto y a la vez tan poco… sé que es el primer año del resto de mi vida, sé que costó mucho tomar la decisión, llevarla a cabo, superar un principio duro, aceptar miradas, mofas, sin embargo todo eso no importa, no tiene valor, pues lo que realmente llena o compensa son las sensaciones que produce, el bienestar, la paz interior, el saber que aporto con mi pequeño granito de arena, que sé que a pesar de ser una lucha imposible, cada día habrá alguien que se siente a pensar y llegue a la misma conclusión que yo hice hace un año ya. Tomar la decisión no es fácil al principio, luego pasa a formar parte de tu rutina y tu vida diaria y te planteas cómo has podido tardar tanto en llevarlo a cabo…
Hoy, día mundial sin carne, sólo puedo decir que para mí, todos lo son, y que me siento orgullosa, cada día más, de poder pertenecer a esa parte de la sociedad que no quiere vivir en la ignorancia, que pretende cambiar el sistema y hacer ver al resto lo importante que es algo que no es nuestro, la vida.
El respeto por la vida es el mayor de los respetos, toda vida es importante para quien la posee… Y ojalá todo el mundo se sentara a pensar cuál es el proceso que sigue la comida que come a diario desde que es un ser vivo que sólo quiere vivir hasta que llega al plato… Tan duro y estremecedor que, una vez que lo sabes y aprendes a entenderlo, no puedes hacer más que darle la espalda…
Son estos cambios en la vida los que nos hacen convertirnos en mejores personas, yo lo soy, y hoy hace un año que lo siento aún más… La única cosa que lamento es no haber tomado antes la decisión, pero más vale tarde que nunca!

lunes, 20 de febrero de 2012

Noches, días...

A veces me paro a pensar y me doy cuenta de que hace demasiado tiempo de muchas cosas… Demasiado tiempo que quiero ponerme en serio a estudiar para un próximo examen, demasiado tiempo que quiero reorganizar mis montones libros, demasiado tiempo que no tengo a alguien que paralice mi mundo, y sí, es lo que ocurre, que el tiempo pasa muy deprisa, tanto que apenas te das cuenta a veces de las cosas que vas perdiendo en un camino que marcan las agujas del reloj o las hojas de un calendario que caen y van trayendo consigo nuevos días enteros y sin estrenar. Y es que el tiempo es un aliado y un enemigo, la mejor opción para olvidar, la peor cuando quieres algo, y esta vez me he dado cuenta de que hacía mucho tiempo que no sentía tantas cosas diferentes en un sólo día.
Llega carnaval este año y, como he dicho, demasiado tiempo que no me disfrazaba y no lo vivía así. Es una noche típica en la que puede no pasar nada o simplemente puede pasar todo, cuando la música te confunde y acabas dando un beso que se alarga hasta la madrugada, cuando no sabes si es realidad o un sueño, cuando despiertas y unos ojos te miran, cuando brilla la sonrisa más bonita del mundo y te cogen de la mano… Una noche llena de magia a pesar de ser el desenlace de un día extraño, donde se pierde la ilusión mantenida a tensión durante semanas, se descargan las pilas del romanticismo y las olas del mar acompañan con su rítmico sonido otro beso tan extrañamente raro que es mejor dejarlo pasar. No se puede tener todo, pero sí se puede vivir todo en un mismo solo día….

domingo, 12 de febrero de 2012

Vínculos.

Los días se pasan creando vínculos extraños, a veces los buscamos, otras simplemente aparecen sin más, sin querer, sin planearlo, de pronto te das cuenta de que alguien forma parte de tu vida sin más, y así es como ocurre la mayoría de las veces en las que empiezas a querer por casualidad, y alimentas la sensación de pertenecer a algo vivo, a un mundo que sí, se sigue estropeando día a día, pero que alberga (eso quiero creer a veces) pequeñas, ínfimas, minúsculas partículas de esperanza que flotan en un universo turbio, oscuro, y le proporcionan la luz suficiente como para seguir confiando en que ocurran pequeños milagros cada día…
Días como hoy son un milagro, momentos como los vividos me recuerdan quien soy y me hacen sonreír… a pesar de todo, la vida, sigue siendo un camino difícil y extraño que desemboca en algún lugar repleto de felicidad, aunque sea un mero sueño…

jueves, 2 de febrero de 2012

Felizmente triste, tristemente feliz.

Se pasan los días entre silencios absolutos, miradas perdidas, escasos momentos en los que parece que vamos a dar algún paso para luego retroceder y volver a quedarnos estancados en un presente ajeno al pasado, porque parece que no existimos aunque vivamos en el mismo mundo, compartiendo espacio, aire, las horas muertas que se pasan a diario y van dejando tu presencia cerca de mí hasta que da la hora en el reloj y me marcho a casa.
Te miro y apenas te veo, el reflejo de tu cara no existe en mi mente, no te reconoce mi corazón, ahora no eres más que un extraño que deambula por los rincones de mi pasado, aún así, eres tú aunque no existas, tú aunque no pueda sentir que lo eres.
Y hoy, un día más como cualquier otro, a veces nos cruzamos la mirada, otras nos ignoramos, a veces nos saludamos con una voz casi intuida, otras somos invisibles y seguimos nuestros caminos sin juntar nuestros ojos. Alguna vez he sentido una tímida sonrisa aparecer en tus labios, otras veces parezco ser yo la que te busca, pero no hay nada, sólo un vacío y hueco espacio que se llena ahora de otras cosas, cambios, historias diferentes que marcan los recuerdos y los hacen desaparecer.
Hoy, sin embargo, tu mano en mi espalda, tu voz tan cerca de mí que me recorre un escalofrío, un segundo solamente, un segundo de agonía y de deseo por volver a abrazarte, porque fueras lo único existente en el mundo… Qué lento y duro es el camino que se recorre ahora que ya no nos pertenecemos, que nuestros mundos son paralelos y nunca llegaron a estar unidos… Los días son pequeños rincones pasados llenos de sombras y luz, la que desprendimos una vez y la que ahora se apaga con cada minuto que pasamos juntos y no sabemos mirarnos…
Y no sé si estoy felizmente triste, o tristemente feliz, porque ambas son las caras de esta misma moneda que lanzo al aire una y otra vez… Soy feliz en mi micromundo ajeno a tantas cosas que me rodean y me hacen entristecer, estoy triste dentro de mi burbuja inventada de felicidad puntual, cuando sonrío y pienso que, cada día, con cada mínimo gesto y con cada pequeño espacio de tiempo que sobrevivo a este aprendizaje forzado me convierto un poquito más en lo que quiero ser. Fuerza y superación, y aceptación, sobretodo…

martes, 17 de enero de 2012

La punta del iceberg.

Vuelve otra vez a rondar por mi cabeza la idea de echar el cierre de forma brusca, sin pensarlo demasiado, sin dar motivos o razones que justifiquen esta huída intencionada… A veces pienso en cerrar porque me entristece mirarme desde el otro lado del espejo, a través de ojos que no son los míos, a través de miradas que ven lo que muestro, a pesar de que esto no sea tan real.
Soy yo tras cada palabra que escribo, en cada rincón, en cada frase… está la esencia de mi alma; no es cuestión de tristeza, ni de soledad, ni siquiera de apatía o resquicios de una melancolía residual, no es eso… tan sólo se trata de momentos, pequeños fragmentos de tiempo en los que soy la única razón de la agonía que muestro, pequeños momentos o ligeras punzadas bañadas de recuerdos que, sin yo querer, o sin poder evitarlo, parece ser que es lo único que muestran de mí.
Me he acostumbrado a escribir para seguir sintiendo, me obligo a pensar en algo más tiempo de la cuenta a veces para poder volcar palabras, pero no vale la pena… no sirve de nada porque veo que la imagen que doy no es real.
No soy eternamente gris, no soy una sombra de Wendy ni tan sólo un reflejo de lo que parezco en cada uno de mis post, no soy así… Y a pesar de querer vivir a veces tras un cristal opaco, mi vida es un vuelo constante. Sonrío casi todo el tiempo a pesar de mi seriedad, sonrío porque el gris que muestro es sólo un matiz de los muchos colores que me componen y aunque volar a veces no es suficiente, los vuelos rasantes producen estas mezclas de colores que acaban por distorsionar mi imagen.
Soy cada palabra, cada expresión y cada momento que escribo, soy un ángel disfrazado de melancolía muchas veces, quizá porque sea una válvula de escape, quizá porque tenga tanto dentro que, aunque sea por rebosamiento, tenga que liberar mi alma de tanto en tanto y expresar esta zona gris que sí, lo reconozco cuando me releo, parece que es lo único que vive en mí…
Por eso lo pienso, echar el cierre, desaparecer, olvidar que puedo fingir por tiempo limitado ser un personaje de cuento o convertirme en alguien diferente, que ojalá pudiera tener la capacidad de volcar recuerdos sin rozar la eterna melancolía que muestro, ojalá pudiera no recaer en momentos extraños que se convierten en sombras, que las cosas del pasado no son más que eso para mí, que, aunque a veces parezca todo lo contrario, lo reconozco, tan sólo son momentos y pinceladas de una vida llena de muchas cosas…
El blog lo utilizo como una descarga emocional que, en muchas ocasiones, se convierte en un único lugar donde ser yo sin disfraces, o tal vez disfrazada de una nostalgia figurada, pero que no es mi cien por cien.
Soy yo quien escribe, quien vive y siente, quien sonríe al releerse, pues en cada palabra guardo un “algo más” que a veces soy capaz de ver sólo yo, y mientras siga existiendo esa parte de mi alma, seguiré escribiendo envuelta en la morriña de una soledad que es escogida, que hoy por hoy me abriga con la mejor calidez que pueda encontrar en estos días de lluvia. Pero publicar… no quiero caer en el tópico de quien se deja llevar en mares de tristeza, porque no es así…
No sé cómo expresar que mi vida no es un vagar extraño por el lodo, ni que arrastro los pies reviviendo recuerdos y aferrándome a pasados que son presentes, simplemente son instantes que se filtran entre mis dedos y crean cúmulos de soledades que no son más que castillos de naipes, que, con una sonrisa cualquiera, caen derrotados. Y las torres dibujadas en el aire son espejismos, pequeñas gotas de lluvia que se cuelan entre los dedos dejándote las manos mojadas mientras distorsionan la imagen que, a pesar de distar de la realidad, es la que ofrezco. No sé, quizá tenga el don de la escritura a este nivel, tal vez el hecho de expresar así los sentimientos no sea más que una forma de guardar en formol las emociones que, con los días, pueden acabar perdiéndose o evaporándose entre la rutina… No quiero perder ni un ápice de mi capacidad de sentir, el día que eso ocurra, dejaré de ser yo…

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Dulce Navidad...

Estoy desorientada, estancada en el tiempo, en momentos, en historias, en sueños que no arrancan o no acaban de cumplirse, mirando cielos azules, muerta de frío, arropándome por las noches, respirando el aire helado de las mañanas escasas que desarman mi sueño… Se acaba el año, se libera el tiempo, se pierde entre recuerdos mientras lo escondo en un cajón…
Odio las navidades, no sé si por eso me vuelvo un ser gris y extraño estos días, porque me aparto o me obligo a ignorar la alegría fingida de tantos, los encuentros hipócritas, el consumismo exagerado… odio estas fechas desde que la soledad marca los días que se van, los que han de venir, y mientras tanto, mientras me empeño en cerrar los ojos e ignorarlo, siguen sonando canciones, escuchándose risas e historias que me hacen estar triste.
Soy gris como un día encapotado de invierno, de los que acaba por llover a mares; soy gris como el mar cuando adquiere ese color plomizo y el azul del cielo no consigue reflejarse en él; soy gris como una sombra que se funde con la noche cuando deja de existir la luz… No sé, divago, me pierdo en la tontería de querer que pase el tiempo en un abrir y cerrar los ojos, de pretender vivir en un escenario ajena a todo lo que me rodea…
Navidad… menos mal que ya te acabas…

martes, 29 de noviembre de 2011

Peor persona.

La delgada línea que separa el odio del amor es como un susurro en mitad de la noche, que se cuela por la ventana, como una ola de frío intenso y te hace estremecer. El silencio de los días trae una lenta pero remota posibilidad de miradas que se siguen cruzando, a veces por casualidad, otras de forma tan intencionada que asusta, y sí, cuando más frágil me siento siempre ocurre algo que me hace tambalear y pasar al otro lado.
No lo quiero, ni lo odio, o tal vez lo odie porque no puedo quererlo…
Y no sé si es por los días que vendrán o los que ya he vivido, que con cada encuentro me parezco más a una estrella que va perdiendo su luz. Soy una niña extraña en este mundo, no sé vivir ignorando a alguien a quien he querido tanto, y verme allí cada día es como si estuviera tras un cristal observándome a mí misma, no soy yo… no puedo ser tan fría, no puedo aparentar indiferencia y luego derrumbarme cuando sale por la puerta.
Me siento débil, como si llevara días expuesta a un fracaso anunciado, a chocar una y otra vez con una muralla de hormigón que sólo trae consigo la brusca caída y el duro golpe de la apatía…
No lo quiero, ni lo odio, o tal vez lo odie porque no puedo tenerlo…
Y así siguen pasando los días, mientras sigue deshilachándose mi alma en silencio, mientras continúa la patética representación de nuestros cuerpos a escasos centímetros y a años luz que se ignoran, y yo pienso… llegará el día en que deje de verle de veras, de escuchar su voz… tal vez… tal vez no… la vida es una irónica obra de teatro donde no sabemos quién puede aparecer en el siguiente acto.
Ahora estamos así, discriminándonos, castigándonos, ejerciendo nuestro orgullo hasta el extremo más álgido, y lo único que me queda, la última sensación de abandono que dura sólo unos segundos, siempre me hace sentir lo mismo… Es así, es una línea fina, muy fina, que a veces ni se ve, que a veces te confunde y no sabes en qué lado estás, si la has traspasado o sigues aferrándote a lo que existió un día, y vivir recordando es tan solo un juego que dura un tiempo limitado, pues la vida sigue y los días te conducen por nuevos caminos en los que, por suerte, aparecen otros a quienes puedes coger de la mano sin más.
No lo quiero, más bien lo odio, porque el dolor causado es tal que, esta vez, hoy por hoy, la fina línea que separa un sentimiento de otro ha cobrado un color diferente, y con cada mirada extraña que se escapa por casualidad en un día a día marcado por la obligación de estar juntos, con cada momento en el que estamos tan cerca que noto el olor de su pelo, el recuerdo de la tristeza sentida y de los momentos malos es más fuerte que nada.
Soy yo, sigo siendo yo aunque me obligue a ser otra, porque soy diferente cuando está cerca, soy un poquito peor persona… Es lo que tiene cruzar la línea…

lunes, 21 de noviembre de 2011

Mar.

La felicidad a veces es solo una bocanada de aire fresco en un día húmedo, prólogo de lluvia fría e intensa, es mirar al mar y dejar perder la vista más allá del horizonte, donde todo es posible, dejarse desaparecer mientras el sonido de las olas invade la mente y genera nuevos impulsos que provocan escalofríos. La felicidad otras veces es como un tren que se va y no para en tu estación, se marcha sin detenerse mientras esperas en el andén preguntándote por qué esta vez pasa de largo… será posible ser feliz? Hoy me lo pregunto, después de sentir el nudo en la boca del estómago, de ver cómo se ha desvanecido sin más… Será posible serlo? Será posible que algún día vuelva a detenerse ese tren en sus vidas?
Su menudo cuerpo casi no se movía cambiando escasamente el dibujo de las sábanas; la palidez de su rostro apenas destacaba sobre el blanco nuclear de unas sábanas ásperas, era todo tan poco acogedor... La habitación olía a cerrado, a enfermedad, a muerte, quien sabe, la mezcla de olores y el silencio que pesaba en el aire era demasiado denso. De vez en cuando un suspiro, un sollozo, el sonido inaudible de una lágrima que cae dibujando un surco en alguna mejilla, formando un halo húmedo en la piel. Silencio, calma, tristeza...
Ella mira a su alrededor, sus padres, uno a cada lado de la cama la cogen de las manos y aprietan fuerte, como si pudieran transmitirle un poco de la vida que escasea a su alrededor. Su cabeza sin pelo se mueve de un lado a otro, tiene sueño, le pesan los párpados, seguro que tiene que ver con ese nuevo suero que le han puesto hace un rato. Piensa en el dolor que siente y a la vez lucha por mantenerse y alejarse de esa sensación que la obliga lentamente a dejarse ir. De vez en cuando la puerta se abre y el aire se remueve, abre los ojos y sonríe, todo son caras conocidas ya, y no lo pregunta pero en el fondo lo sabe, que todas esas expresiones al otro lado son un cúmulo de emociones retenidas. Lástima, pena, tristeza… sabe que se va… Es cuestión de horas, ya no hay más que hacer.
Llega el momento y la situación me provoca lágrimas, no puedo evitar llorar en silencio mientras soy espectadora de esa escena que no sé describir con palabras. El momento de la despedida… Cómo decir adiós… Cómo darse un último abrazo, un último beso, una última mirada… Qué palabras escoger… Reina un silencio solemne mientras se cogen de las manos, ella también, hace un último esfuerzo y levanta esos bracitos débiles y lánguidos, una mano a su madre, otra a su padre, su mirada clavada en su hermano, y allí, en esa habitación de hospital, en ese rincón en el mundo que permanece ajeno a todo lo demás, al frío, a la lluvia que cae, a trenes que se paran en otras estaciones, allí, se produce la despedida…
La dureza del momento, la sensación que deja es… soy incapaz de definirlo, me siento en este instante incapaz de transcribir lo que he llegado a sentir al ver su diminuto cuerpo hacer el último esfuerzo por mantener ese aliento de vida que, como no ha podido ser de otra manera, se ha apagado esta mañana…
Descansa Mar, allá donde los ángeles hayan querido llevarte…

martes, 15 de noviembre de 2011

Lo siento.

De pronto entras mientras estoy sola, sin pensar en nada sigo haciendo mis cosas y, al oír unos pasos tras de mí me giro y dura sólo unos segundos el choque de nuestras miradas. Es fugaz, apenas importa, es una de tantas veces en las que nos vemos durante la jornada y sí, a pesar de que reconozco que siento que se me acelera el corazón, a pesar de eso, calma, sobriedad, ni un mínimo cambio en mi comportamiento o en la expresión de mi cara, aparento estar ausente mientras mis latidos se vuelven audibles y allí, sola en ese momento en el que tu cuerpo se acerca tanto al mío, sola mientras siento que no puedo mirarte a los ojos, giro mi cabeza y me escondo de tu mirada que ahora ya siento que empieza a buscarme de nuevo.
Seguimos sin existir, es obvio, a pesar de nuestros días juntos, a pesar de compartir el mismo aire cada mañana, no existimos, aunque me sonrieras el otro día y yo sintiera temblar mis rodillas. Ni una palabra, miradas de soslayo que evitan cruzarse, observar de escondidas mientras estamos cerca, disimulando, siguiendo con todo como si no estuviéramos juntos en ese espacio tan reducido… Y hoy, entras con tu paso habitual, tranquilo, despacio, y la soledad que me rodea se rompe con tu presencia. Nos miramos un segundo mientras decido volver a ignorarte, sólo aparentemente, sólo mientras intento evitar que se escuche el galope de un corazón demasiado tocado ya.
Y en mitad del silencio se escapa tu voz, tan tenue que me cuesta hasta oírte, y lo sueltas así, sin más, al aire, como queriendo que las palabras queden flotando a mi alrededor y me torturen un poco…
Lo siento…
Lo siento…
Lo siento…
Te giras y te vas sin buscar mis ojos mientras me vuelvo a mirarte, estás en la puerta, ya sales, no miras atrás, y yo, mientras siento paralizarse mis sentidos, intento volver a respirar el aire donde pesan tus palabras, que caen como una losa dura y fría sobre mi corazón. No sé por qué me dices ahora que lo sientes, después de tantos días en los que ya no somos más que desconocidos que parecen vivir en planos diferentes, no entiendo que busques un momento así, que no seas capaz de siquiera mirarme a los ojos, que tu cobardía es tal que sigues caminando mientras dejas tras de ti las palabras que llegan a deshora, como siempre. Ha sido sólo un susurro de tus labios, un sentimiento en voz alta, quizá sea verdad que no te soy indiferente a pesar de lo que quieres mostrar, quizá para ti sea también un poco agónica esta relación extraña, estos vínculos rotos, no es fácil… nunca lo ha sido…
Lo siento…
Sigue retumbando en mis oídos, me llega al cerebro y me invade tu voz…
Lo siento…
La agonía, el triste momento en el que fuiste tan amargo conmigo… tan duro… no sirve de nada ahora un “lo siento” disfrazado de remordimientos. Ya no quiero seguir esperando una disculpa por tanto dolor, ya no compensa que ahora te sientas mal y me busques… ya no quiero formar parte de tu día a día, aunque estemos juntos a diario. No quiero que nuestros caminos vuelvan a converger, fuimos uno y ahora, tan solo dos desconocidos que se gritan en silencio mientras los días pasan y nos traen la estúpida obligación de estar juntos físicamente mientras nuestras almas se siguen alejando más que nunca.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Pruebas.

El dolor agudo no dura mucho, tan sólo son unos segundos en los que mi cuerpo se contrae, no puedo evitarlo, no soy capaz de relajarme aunque sé exactamente lo que voy a sentir. El dolor es una punzada dentro de mí que me deja una sensación desagradable que dura unos días, lo sé, una vez más igual que las otras, días en los que los restos del dolor inicial se van evaporando de mi cuerpo y sólo queda la espera, el no saber qué pasará, el preguntarme qué saldrá esta vez, si después de tanto tiempo conseguiré algún día cerrar esta historia.
Hoy, no sé por qué, estaba como más nerviosa de lo habitual. Al entrar a la consulta he mirado el reloj, quería calcular exactamente cuánto duraría, cuánto tiempo invertido en vivir lo mismo, tumbarme en la camilla, en la misma de siempre, sentir una mano que coge la mía y me dice que respire hondo… sí, lo sé, no importa nada, no hay consuelo o alivio, ni siquiera esa sonrisa de quien está ahí conmigo, ni siquiera esa mueca que intento mostrar yo.
Cierro los ojos y respiro hondo, ha llegado el momento en el que me enfrento al dolor físico, unos minutos, sólo eso, no dura más a pesar de antojárseme horas, y después queda lo peor, la espera, el preguntarse qué ocurrirá…
Otro resultado favorable espero, otro que me de un poco más de tiempo…
La tregua son tan solo ahora unas semanas… A la espera de saber qué ocurrirá, intento sonreír mientras me pregunto una y otra vez si el dolor desaparecerá algún día… Esta vez, en este momento, es algo físico, lo peor está por venir…

jueves, 3 de noviembre de 2011

Metamorfosis.

Qué difícil resulta este día a día marcado por tanto tiempo compartido, por tantos momentos que flotan en el aire. Reconozco que lo voy llevando de la mejor manera posible, aunque cuesta, tanto… Hay momentos en los que mi cabeza está un tanto ajena y estoy tan metida en mis cosas que apenas noto que está, otras simplemente siento cómo se me eriza la piel al tenerlo tan cerca… La vuelta al pasado está resultando ser extraña, es como un regreso a un punto muerto, a donde hemos estado otras veces, y la sensación de no poder ni mirarnos a la cara es como un aguijón que se clava de golpe y porrazo en tu piel y te paraliza.
Somos dos sombras compartiendo un espacio demasiado reducido, por suerte él va y viene y los ratitos en los que no está me libero de la sensación nauseabunda que me produce. Me cuesta entender que hayamos llegado a este punto después de todo, pero no existe nada más, ya no puedo ni mirarlo a la cara, me cruzo con él y me obligo a bajar la cabeza, por si a mis ojos les da por buscar los suyos, no puedo, siento que no soy capaz en este momento ni de sostenerle la mirada, no hay nada que hacer para mejorar esta situación, sólo el tiempo que pase, a nuestro favor o en contra, no lo sé, el tiempo y la terapia de choque de tener que estar juntos a diario.
Me resulta una especie de suplicio, algo incontrolable, una agonía lenta y pesada que me produce arcadas y, mientras tanto, mientras voy sobreviviendo a una mañana que me trae su presencia una y otra vez, mi corazón y mi estómago se revuelven al unísono para recordarme lo fácil que es pasar de un extremo a otro.
Ya no le quiero, estoy en ese punto en el que me pregunto cómo he sido capaz de quererle alguna vez… Tanto cuesta? Cómo puede ser que algo que yo creí tan fuerte se derrumbe así? Es complicado, es estúpido, extraño, tan simple como la sensación que no soy capaz de describir, un querer volar lejos, sin cogerle de la mano, sino volar en sentido contrario…
Mientras tanto la vida se me antoja un tiovivo que gira a una velocidad que me aturde, siento que vuelo, que corro, que escapo de la monotonía de no querer seguir con los pies en el suelo, que me confundo con las estrellas cada noche, y el dormir poco, el bailar hasta que duelen los pies, es una sensación que me acompaña. No sigo buscando motivos para dormir por las noches, no pretendo encontrar alguien que me explique por qué es tan difícil esta soledad, porque no quiero seguir estando sola pero siento que es lo único que puedo hacer. La soledad es como un aguijón que se clava en la piel y te deja un veneno aparentemente inocuo, y no quiero hoy por hoy seguir buscando el antídoto a esta sensación…
Me estoy perdiendo, tal vez haya cambiado, tal vez sólo sea que he aprendido a no ser yo… No lo sé… Esta vez quizá acabe convirtiéndome en algo distinto, en un alma ajena, sola, triste, limpia… que quizá acabe transformándose en una de esas rosas cuajadas de espinas, de esas que es fácil mirar pero que no se pueden tocar. Sí, tal vez esa sea yo…

martes, 18 de octubre de 2011

Reencuentro.

No sé definir si es tristeza, apatía, morriña, nostalgia… Tal vez sea una mezcla de todo que, tras agitarse en la coctelera de mi estómago, ha dado lugar a esa sensación estúpida que me revuelve por dentro. Sé que es un trago que he de pasar sola, sé que no vale la pena ni siquiera pensar en ello, pero no puedo… Soy débil, demasiado frágil como para seguir aparentando una entereza definida, como para demostrar algo que sé que soy pero que no quiero airear a los cuatro vientos.
De pronto, después de todos estos meses, ha tenido que pasar. La vuelta al pasado, el retorno al momento en el que ya no vale nada, en el que el destino nos pone en la tesitura de un encuentro diario, continuo, un no poder evitar compartir el mismo aire, la misma estancia, la misma gente… Se me hace un nudo en la garganta sólo de pensarlo, se me encoge un poco el corazón… Débil, frágil, etérea, tenue como una sombra que pasa desapercibida…
Y ocurre sin más, llega el momento, la hora, el reloj que marca un número fijo, y se abre la puerta, sé que estás ahí y no puedo levantar la mirada, no quiero hacerlo… Siento de pronto arcadas, me mareo, me tiemblan las rodillas mientras intento aparentar sobriedad, mientras respiro hondo y amplio mi sonrisa que más bien es una mueca absurda. Sí, lo sé, todos me miran, todos te miran, es inevitable.
De pronto entras, caminas despacio, al ritmo de siempre, y yo no me atrevo a mirarte a la cara, no puedo provocar el choque de nuestras miradas, no estoy preparada… aún no… tal vez mañana, pasado, o cualquier otro de los días o los meses que aún nos quedan por delante… Me pregunto si el hecho de volver a trabajar tan juntos te supone algo distinto, me gustaría saber si realmente también te cuesta, o si te da igual… Le dará igual?
No te miro, no puedo, tú a mí tampoco, después de estos meses sin vernos y sin saber nada el uno del otro, el encuentro resulta una escena macabra, dantesca, es como un suicidio anunciado, como una obra sin terminar, es como… no sabría decirlo o expresarlo, es simplemente la otra cara del amor.
Te he querido tanto que al verte no puedo evitar que se me encoja el alma, y a pesar de no mirarte, a pesar de conformarme tan solo con observar de refilón tu imagen reflejada en un cristal, siento que toda nuestra historia golpea mis sentidos, que el tiempo no ha pasado, que volvemos a ser otra vez amigos y nunca llegamos a pasar de ahí… ojalá me hubiera quedado en ese punto… demasiado tarde para lamentos…
Tu semblante cambia, frunces el ceño tanto que me asusta. Está serio, de pronto es como si una nube negra se hubiera apoderado de tu expresión, es como si se te hubiera ensuciado el alma, y ahí, a escasos centímetros de distancia, tu cuerpo y el mío repeliéndose… Qué sensación tan extraña… Repeliéndose como dos polos iguales, expulsándose el uno del otro, como si aún quedara algún resto de nosotros en el ambiente, como si pudiera volver a existir esa sensación que hubo.
No nos miramos, no nos hablamos, no existimos. Estamos ahí, incluso nuestras manos se rozan un segundo pero no importa, no nos hallamos en el mismo lugar, en el mismo momento. No es un juego, no es una ilusión, es tan solo una artimaña del destino, algo que se me escapa.
Vuelvo a la maldición de verte cada día, y a pesar de ser tan solo esa parte que ahora te odia por todo ese mundo deshecho, a pesar de eso, el nudo en el estómago, la sensación de querer desaparecer… Habrá existido alguna vez Nunca Jamás? Seguirás siendo Peter Pan? Esta vez soy una Wendy un tanto triste, no por ti, no por mí, sino porque no albergo la posibilidad de encontrar una respuesta que acalle esta exquisita agonía… cómo puede ser que una vez nos hayamos querido tanto y ahora no podamos ni mirarnos a los ojos?
El tiempo… no hay más… el tiempo, paciencia y respirar hondo… Mañana será otro día, otro encuentro, otro momento… Mañana y al otro, y al otro… y tantos otros que sólo de pensarlo siento que todo se desmorona como un castillo de naipes…
La felicidad es un estado extraño, llega, se va, cambia, altera… Soy feliz por seguir siendo yo, me siento orgullosa de mí y, sin embargo, ahí esta esa sensación, latiendo dentro de mí, la sensación de sentirme pegada a la ventana, de espaldas, por si te aproximas en un vuelo erróneo, con los ojos cerrados tan fuerte que acaba doliendo, por si me da por abrirlos y verte otra vez. No puedo, no quiero, no existe… Esta vez, en este momento, prefiero mantener la cabeza agachada, la mirada baja, no puedo permitirme el lujo de sentir ni un ápice de lo que un día era lo único que existía para mí…
El amor no es real. Es sólo una ilusión convertida en un cuento que, al acabar el día, desaparece…
Seguiré intentando dormir y amanecer en un nuevo día en el que, por desgracia, seguirás estando. Fuerza… Ya no intento buscar en tus ojos un atisbo de placidez, algo que me demuestre que ahora estás en un buen momento, que eres feliz de verdad, ya no puedo, ya te miro y, lo siento, he dejado de reconocerte. Ni siquiera eres tú, ni tan sólo el reflejo de aquel que un día compartió mi alma…

martes, 11 de octubre de 2011

Reacción.

Cuando me llevó a casa el silencio que flotaba en el aire pesaba, era denso. No hablábamos mientras nuestras manos, cogidas con fuerza, no dejaban de buscarse. Cuando paró el motor me miró y me preguntó si le invitaba a subir, lo pensé y sentí que por dentro me erizaba, ahí estaba, ese momento, toda la noche bailando para llegar a ese punto, todas las horas esperando que llegara el beso y, sin más, no ocurre. Me desanimo un poco, lo reconozco, tal vez porque ya después de pasarnos toda la noche juntos y no pasar nada asumo que nunca ocurrirá, que he malinterpretado todas las señales, que no he sabido enviarlas yo y, sin embargo, a pesar de eso, siento cómo saltan chispas cuando nos tocamos.
Él me mira en silencio, sonríe, sabe que ejerce cierto poder de atracción hacia mí. Le digo que vale a media voz, no estoy convencida pero siento que lo necesito, que quiero que el olor de su piel se pegue a mis sábanas esta noche.
Subimos la escalera despacio, no hay prisa, no hay horarios, nada… Le encanta mi piso, trastea, observa, se tumba en el sofá, pone la tele, parece que siempre ha estado aquí, y yo me acerco y me siento a su lado, me relajo, ya está, pienso, no tardará, sin embargo no ocurre nada, seguimos hablando, tomando algo, la última copa en mi casa, como yo había planeado decirle y no lo había conseguido. Aún así, ahí está, y de pronto me mira fijamente, serio esta vez, se está acercando tanto que me sudan las manos. Me besa despacio mientras me siento paralizada, otra vez tan cerca ese olor que me marea, ese toque dulzón que emana su piel suave, no puedo creer que esté pasando por fin, y nos abrazamos en el sofá durante un rato, aún vestidos, mientras con cada beso me transporta a cielos azules, a sueños cumplidos… qué extraña la sensación de poder besarlo sin reparos, de estar juntos sin la música que suena, del silencio a nuestro alrededor, de mirarnos a los ojos tan cerca y poder mientras tanto tocarnos sin más.
El juego ha empezado, las cartas están echadas, no hay momento para arrepentirse, no hay nada en qué pensar más que en disfrutar el uno del otro. Me cuesta un poco reconocerme, sé que él no es mi tipo, que nunca vamos a estar enamorados, que nunca vamos a tener una “relación” ideal, que tal vez este momento en el que nuestros caminos han acabado convergiendo sea un espejismo y la realidad, cuando salgamos de esta nube, nos deje a cada uno a un lado distinto del camino.
A pesar de todo eso, me da igual, sólo quiero que su beso no se acabe y, mientras me va quitando la ropa, me voy sacudiendo de viejos fantasmas del pasado.
La noche juntos es increíble, me encanta dormir mientras me tiene la mano cogida o me abraza, me encanta ese olor dulce que pesa en el aire, me encanta sentir el sonido de su respiración en mi almohada y poder alargar la mano y tocar la suavidad de su piel. El amanecer llega pronto rompiendo un poco el hechizo del momento, no sé si tal vez sea cuestión de magia, de simplicidad, quizá no exista ningún vínculo a pesar de haber dormido juntos, y me da igual. Por una vez en mi vida no me importa lo que pase al día siguiente, no me importa no saber nada de él hasta que volvamos a vernos en un par de días, me da lo mismo saber que no somos nada ni lo seremos, y por el contrario sé que seguiremos siendo los mismos amigos de siempre, con nuestra complicidad, quizá ahora más acentuada, pero más nítida, seremos igualmente extraños conocidos que bailan juntos y que, sí, han compartido un algo más que no ha sido más que eso, y mientras las noches sigan pasando, mientras la música siga sonando, sé que seguiremos bailando juntos de la misma manera, porque siempre habrá y siempre quedará entre nosotros la magia de poder respirarnos y abrazarnos mientras suene cualquier canción del mundo.
Me encanta él y no cambio esa sensación por nada del mundo, aunque sepa que mi regreso al pasado esté a la vuelta de la esquina, aunque vuelva en unos días a encontrarme con Peter Pan, después de tanto tiempo… hay cosas que no pueden cambiar, sin embargo, se pueden afrontar de muchas maneras, y él ha sido la mejor forma de encontrarme a mí misma y de coger aire y fuerzas para este encuentro forzado que sí, será extraño, duro, estúpido tal vez, pero no me dejará indiferente… Cuando eso ocurra, cuando esté de nuevo frente a Peter Pan, sólo intentaré recordar el olor de su piel en mi almohada y la suavidad en la yema de mis dedos, sólo por eso ya me habrá valido la pena, sólo por eso seguiré buscando otro encuentro que, estoy segura, no tardará en llegar…
Me gusta sentir el poder de tener acceso a esa sensación de magia sin tener que involucrar mis sentimientos y mi capacidad de sufrir, esta vez no, esta vez, lo siento, sólo se trata de algo físico, de un instante, de un olor y de un choque que me transporta lejos, muy lejos de un Nunca Jamás que nunca jamás volverá a existir en mi vida.
Desde mi ventana ya no atisbo paraísos infantiles llenos de magia falsa, desde mi ventana ahora sólo escucho sonar la música y su voz al otro lado, cuando sonríe y me mira, cuando me saca a bailar…

sábado, 8 de octubre de 2011

Bailando toda la noche.

Tiene cara de niño y sonrisa pícara, los ojos vivos, no muy grandes, siempre miran con atención. Su sonrisa aparece de pronto iluminando sus facciones, cualquier gesto en su rostro transmite dulzura, me dan ganas de tocarle la cara, su nariz aguileña, su boca, su pelo corto… Él es así, no gran cosa, nada fuera de lo común, un chico de lo más normal que está ahí, en mi nueva vida, aprendiendo a bailar conmigo, sonriéndome más de la cuenta, aunque no sea solo a mí. Me pregunto qué pensará él, si es que piensa algo en mí, quien sabe, tal vez sea solo una compañera más, alguien con quien practicar, por mucho que me diga que no baila con nadie como conmigo… Me gusta, me atrae, ejerce sobre mí una fuerza que no puedo describir; tengo dependencia del olor de su piel, me llama, me llega al cerebro a bocanadas y lo invade todo, su piel es suave como la de un niño, morena, y huele… ese olor… me altera, me deja hecha polvo… Solo tengo ganas de tocarle, y lo hago, todo lo que puedo, como él a mí. Dice que le encanto, yo le digo que me encanta, nos miramos, bailamos, es como si no existiera nada más… Hoy por hoy sólo tengo ganas de abrazarlo y olerle la piel, suena mal, lo sé, pero el instinto que me lleva al contacto me supera, me deja totalmente fuera de juego… y yo que pensé que no volvería a sentirlo después de Peter Pan… Es extraño tener de nuevo una ilusión, aunque acabe por no desarrollarse o no llegue a ningún sitio, pero quiero seguir alimentando cada momento a su lado, porque no hay en este instante otra persona con la que quisiera pasar más tiempo, sólo con él, con su sonrisa, con su mirada, con su suavidad, con su baile y su cuerpo tan cerca que pueda notar que sí, que la complicidad y la sensación de pertenecernos rezuma por cada poro de nuestra piel…
Me gusta tanto que me duelen las yemas de los dedos cuando le toco, tanto que no puedo mantenerle la mirada a veces… Me hago la despistada cuando se acerca, le busco continuamente y luego intento desaparecer, como si no lo tuviera presente cada segundo, y sé que tal vez acabe por dolerme si seguimos así, pero no puedo evitarlo. Hoy le abriría las puertas de mi vida de par en par, hoy sería yo quien picara a la suya si tan solo supiera que va a abrirme, aunque sea por tiempo limitado. Daría cualquier cosa por tenerlo junto a mí otra noche más… Será mañana, ya está hablado, mañana repetimos noche mágica!
Y lo sé, que jugar con fuego tiene un precio caro, tal vez esté a punto de cometer un error, tal vez debería alejarme ahora que estoy a tiempo, pero me cuesta demasiado. Creo que estoy a punto de cruzar la línea, que ya el juego no es sólo eso y me descubro demasiados momentos del día pensando en él como quien no quiere la cosa, y sé que no debo, porque no es una historia que pueda llegar a ningún sitio, tal vez incluso esté inventándome yo más de la cuenta, pero no puedo evitarlo. Siento escalofríos cuando me coge de la mano, cuando se me acerca con esa sonrisa de niño malo y me saca a bailar, entonces nos acercamos tanto que respiro su aire, su cuerpo y el mío se tocan e incluso noto el latir rítmico de su corazón cerca del mío. Entonces levantamos la cara y nos miramos a los ojos, siempre sonriendo, siempre jugamos a lo mismo, a no perdernos la mirada mientras seguimos los pasos, y la música nos envuelve, la complicidad nos acuna y nos convierte en lo único que existe, y yo daría lo que fuera por que cada canción con él fuera interminable…
Sé que tal vez esté aún demasiado tocada como para dejarme llevar, quizá esté confundiendo sentimientos, no lo sé, a veces pienso que quizá exagero y en realidad no hay nada, que puede ser que sólo sea yo quien sienta ese cosquilleo cuando estamos cerca, pero…
La línea… otra vez la línea que se empeña en aparecer, en recordarme que me lo piense antes de cruzarla… Quizá en otras circunstancias daría un primer paso acelerado, tal vez me aventurara en dar un último empujón a mi cara cuando está pegada a la suya y robarle un beso, tal vez pase en breve, tal vez no pase nunca, quien sabe, aunque la otra noche quisiera quedarse conmigo y lo obligara a irse, aunque esté contando el tiempo que falta para volver a estar juntos…
Mi día a día se ha convertido en un ir y venir de emociones. Ya no sé si realmente quiero seguir esperando encontrar algo más, si tal vez ya haya aceptado que la soledad no es un mal estado y que puedo limitarme a tener lo que quiera sin necesidad de ataduras. Es cierto que sigo buscando la magia, aunque de otra forma distinta, y sí, diría que he encontrado los momentos adecuados para vivirla.
Soy consciente de lo extraño que resulta, de que tal vez pueda arrepentirme más tarde, pero me da igual. Lo único que importa ahora son los días que sé que nos veremos, que saltarán chispas cuando nos miremos a los ojos, que la sensación de estar buscándonos continuamente me produce ese hormigueo extraño que ya se me había olvidado sentir.
No sabría decir qué es lo que ha pasado, en qué momento preciso esa atracción se hizo más fuerte, pero hoy por hoy, sólo quiero seguir en este mundo de mentira buscando los momentos para bailar juntos, porque cuando eso ocurre no hay nada más, solo su sonrisa, que me transporta muy lejos de todo, es una sensación distinta, caótica, me altera los sentidos cuando me toca y, sin embargo, al volver a la realidad, vuelvo a contar lo que queda para otro encuentro. Nos dan las tantas siempre, nos parece que estamos tan compenetrados que el tiempo ni siquiera importa, y estar así, acostumbrándome a vivir de noche, necesitando ese contacto… me cuesta reconocerme…
No sé si será por el olor de su piel, por la suavidad de su contacto, tal vez sea que cuando estamos tan cerca note demasiado acelerado el pulso, es como si necesitara tocarlo para poder seguir, y entonces, cuando estamos tan pegados que mi nariz toca la suya, cuando siento que sus manos recorren mi cintura, tengo que contenerme para no seguir avanzando.
Y sí, lo sé, sé que pasará, está cantado, escrito, más que obvio… Sé que la tensión que existe se desbordará en cualquier momento y tal vez sea cuando estalle que me de cuenta de que sí puedo volver a sentir. Ahora mismo me parece que un baile con él es mucho más que todo el tiempo pegada al cristal de mi ventana por alguien que, sí, tiene la sonrisa más bonita del mundo, pero nunca supo bailar…

martes, 4 de octubre de 2011

Una noche...

Hay días en los que las cosas ocurren y no sabes por qué. De pronto parece que todo funciona, de pronto se estropea, y es que estos días es como si los astros se alinearan y el universo me mandara una de cal y una de arena. Los días y las nuevas aficiones traen nuevas historias, y ahora, cuando ya pensaba que no iba a ser capaz de sentir ese cosquilleo, vuelve a ocurrir.
Dos situaciones, dos personas diferentes, nada que ver uno con el otro y, sin embargo, mariposas en el estómago en las dos ocasiones… Por qué ocurre todo de forma simultánea?
La otra noche fue un tanto mágica… De pronto dio la hora y nos quedamos solos, sabía que sería divertido, pues la afinidad existe desde siempre, pero… allí, sin nadie más, envueltos de gente, la noche, el ambiente, estar tan cerca todo el rato, bailar mirándonos a los ojos de esa forma tan intensa… Siento que su cuerpo es como un imán, su sonrisa me habla sin palabras, y mientras intento no recordarlo, me voy hundiendo en la magia de una caricia por casualidad. El paso de las horas aumenta la complicidad, se nos pasa la noche entre risas y roces, bailamos hasta caer rendidos, hablamos de cualquier cosa, nos contamos la vida al oído, y mientras, sin saber cómo, tenemos las manos cogidas, nuestras caras están tan cerca que respiramos el mismo aire, y no sé por qué, me siento bien, cómoda, tranquila, me gusta la sensación de su abrazo, cómo huele su piel, y yo que me preguntaba si sería capaz de sentir otra vez… Fue tan fácil esa noche… Bailé para él hasta que dieron las tantas, y el reloj, que marcaba un amanecer próximo, ni siquiera importaba.
Me pregunto si acabará pasando algo más entre nosotros, si es simplemente un juego, si hemos empezado a construir un vínculo más allá del simple hecho de conocernos superficialmente. Reconozco que siempre he visto algo en él, y a pesar de que sé que no es mi tipo, no cambio esa noche por nada, porque la sensación de simplemente “sentir” ha resultado ser una bocanada de aire fresco… Una historia que destaca en mi vida y, mientras tanto, otra a punto de empezar… Sin saber cómo, he abierto la ventana de par en par!

lunes, 26 de septiembre de 2011

Un pequeño gran paso!

A veces, un pequeño paso constituye un gran avance, y ayer, una fecha a recordar, un día importante en el que había una marca en mi calendario, ayer por fin, sentí la satisfacción de una batalla ganada… Y sí, soy consciente de que la guerra es amplia, dura, que abarca tanto que una victoria total es algo que posiblemente nunca llegue a ver con mis ojos, pero ayer, a pesar de eso, aunque sepa que el camino que aún queda por recorrer es muy largo, ayer la satisfacción, el triunfo, la alegría de haber conseguido el objetivo, la recompensa de tanta sangre derramada sin motivo…
Tengo claro que no es mi fiesta nacional, y lo siento si a alguien pudiera ofender desde aquí con mi opinión, pero es algo que se me escapa, que no acierto a comprender, que no tolero ni podré entender nunca; por tanto, ayer, sentí la emoción de saber que fue la última corrida de toros en Cataluña, después de haber deseado tanto ese momento, por fin ya puedo decir que es una realidad.
Desde aquí... ojalá todo ese empeño, esa devoción, ese capital invertido en esta salvajada y tortura hacia un ser vivo, inocente, que sufre y  siente igual que nosotros, fuera destinado a conseguir un mundo mejor en el que no existiera tal discriminación por pertenecer a otra especie...
Desde mi pequeño mundo puedo decirlo con una sonrisa y sentirme feliz por todas esas vidas que no morirán ya en el ruedo de La Monumental... Un pequeño gran paso, una enorme satisfacción!

jueves, 22 de septiembre de 2011

La soledad de las tortugas.

No sé si lo soy pero sé que quiero serlo, es un camino difícil, tal vez individualista aunque con muchos matices, y todos los días lo soy un poco aunque no lo ejerza, porque todos los días en mi cabeza se forman historias y mi mente y mis dedos a veces van más allá…
No sé si lo conseguiré algún día, tal vez ya lo sea aunque sea sólo para mí, quien sabe, tal vez algún día alguien reconozca que lo soy… puede que sea un sueño que se cumpla en el futuro, pero hoy por hoy, por suerte, sé que al menos lo soy para mí.
Soy escritora, escribo constantemente, todos los días, escribo sobre mí, sobre lo que pienso, lo que opino, lo que me ocurre… escribo sobre lo que quiero llegar a ser, sobre lo que siento que libera las cadenas de mi alma… escribo cuando no puedo gritar, cuando la impotencia se apodera de mí, o simplemente cuando tengo ganas de llorar o reír, o bailar, o saltar… escribo porque soy escritora, sólo para mí, pero escritora, sin tema definido, sin una idea clara, tan sólo matices de una vida insípida tal vez, o tal vez no?
Escribo porque necesito expresarme y a veces las palabras se me quedan cortas… o más que las palabras, casi podría decir que lo que me falta son oídos que escuchen… por qué es tan difícil escuchar hoy día? Tan importantes somos que nos olvidamos de escuchar a los demás?
Y sí, tal vez lo consiga, escribir “de verdad”, aunque para mí esto ya lo es… y estos días retomo un viejo proyecto, que inicio una y otra vez para dejar guardado en un cajón, tal vez sea por falta de ideas, por falta de tiempo, por aburrimiento, o porque lo veo tan lejano…
Algún día espero escribir algo lo suficientemente interesante como para poder publicarlo, aunque sé que es un camino difícil de alcanzar, pero… qué más satisfacción puede tener un escritor que vivir de lo que escribe? Algún día lo que plasme yo podrá ser tan interesante para los demás como lo es para mí misma?
Sigo con mi proyecto… “La soledad de las tortugas” es sólo el boceto de una idea, un nacimiento que quizá algún día se convierta en algo más… Sigo escribiendo porque siempre, estoy segura, habrá alguien al otro lado… De momento solo yo, mi mejor público y mi crítica más dura…

viernes, 16 de septiembre de 2011

De tripas corazón.

Sí, ya sé que no vale la pena, que es demasiado estúpido por mi parte pensar tanto en el día en el que volvamos a encontrarnos… Sé que queda poco, que tengo un pie ya metido en la máquina del tiempo y que el pasado está a la vuelta de la esquina, un pasado manchado por el futuro incierto de nuestro tiempo juntos, y a pesar de eso, un pasado que va a volver a cogernos de la mano todos los días.
Ahora sólo acierto a pensar en ella y en su pelo rubio, igual que el mío, la misma melena, el mismo brillo en los ojos, el mismo día de cumpleaños, la misma voz dulce, la misma forma de caminar… somos tan parecidas… Ella es mucho más menuda que yo, y más mayor, sin embargo ahí está, ahora es ella quien ha ganado el reto, como lo gané yo en su día, y se lo ha llevado… a él? No es ningún sueño, no es nada que valga tanto la pena como para seguir recordándole y, aún así, aquí sigo, pensando en ese día en el que el pasado me obligue a volver a verlo todos los días.
No le quiero, ni le echo de menos, es cierto, sigo mi vida de la mejor manera posible, en paz conmigo misma, en calma, con la serenidad de tener la conciencia tranquila, con la certeza de que puedo sonreír cuando me miro al espejo, me gusta lo que veo, me sienta bien esta soledad que vivo de una forma tranquila, me conozco a mí misma, exploro mi ser y descubro que me gusta lo que encuentro en el fondo de mi corazón.
Aún así… reconozco que cuesta, y a pesar de saber que el pasado es tan solo eso, tiempo vivido que ya no va a volver, siempre ese pequeño hilo del que tirar, ese día que se acerca en el que vamos a volver a estar cara a cara… No sé qué ocurrirá, qué pensará él, que sentiré yo, pero sé que la indiferencia es lo único que no estará presente cuando nuestras miradas vuelvan a chocarse en este presente que no es más que un pasado disfrazado de buenos propósitos.
No le quiero ni le echo de menos, es verdad, sin embargo… una espinita en mi corazón me dice que siempre seremos aquellos personajes de un cuento inventado, siempre seremos nosotros aunque ella sea ahora quien camine a su lado… De tripas corazón, eso haré cuando los vea juntos, cuando no tenga más remedio que volver a trabajar con él y cruzarme con ella todos los días… Hay triángulos con picos afilados que a veces se empeñan en abrir viejas heridas… mientras tanto, seguiré absorbiendo los rayos de sol que me regala este verano casi caducado, quien sabe, tal vez consiga convertirme en Campanilla y echar a volar… El cielo siempre será mejor opción que el suelo, ese ya me lo conozco demasiado bien…

martes, 13 de septiembre de 2011

Cerrojos.

De pronto vuelvo a sonreír mientras alguien me adula, me siento extraña y a la vez aliviada, sé que puedo volver a salir, reír, bailar, disfrutar de un momento agradable con alguien que me mira a los ojos y me transmite montañas de sentimientos directamente desde su corazón. Sonrío mientras lo miro, sentado justo enfrente, mirándome a veces en silencio, buscando rozar mi mano en mitad de cualquier conversación trivial, y ahí estoy, abriendo nuevos caminos y, sin embargo, con la mente volando lejos…
No sé si puedo volver a enamorarme, tal vez lo consiga algún día, pero ahora, hoy por hoy y muy a mi pesar, lo único que hago es imaginarme un beso con alguien que no sea Peter Pan, y no me gusta la idea… Tal vez vuelva a dejarme llevar, algún día, no sé si será con él, que tanto me demuestra su interés hacia mí, no sé si tendrá la suficiente paciencia como para abrir todos los cerrojos tras los que me escondo… si es así, quien sabe, sea simplemente un sueño cumplido, sino… bueno, me queda el regreso al pasado… los días avanzan en el calendario y el encuentro está a la vuelta de la esquina… nuevas rutinas que nos obligarán a estar juntos todos los días… duro, difícil, extraño, sobretodo después de este verano ajenos totalmente… Si él me espera, si él lo soporta, si me coge de la mano cuando vuelva a verlo y me levanta… tal vez en ese momento ocurra, y deje que la puerta se entreabra… Las oportunidades muchas veces están justo al otro lado, cuando nos empeñamos en observar a través de una mirilla que todo lo distorsiona es posible que se den media vuelta…
Si quisiera, si estuviera… tal vez esté yo… Tal vez la vuelta sea demasiado dura para soportarme, tal vez la vuelta sea un nuevo paso al olvido, un nuevo recuerdo de Nunca Jamás recuperándose de una latencia marcada por la impotencia de tener que olvidar por obligación.

martes, 6 de septiembre de 2011

De pronto, alguien al otro lado.

A veces tengo la extraña sensación de que sigo encerrada en algún lugar del cual sólo yo tengo la llave, y soy consciente de que la aprieto en mi mano hasta que la marca se queda en mi piel, no sé por qué sigo empeñada en permanecer al otro lado, quizá demasiados miedos, tal vez sea eso, tal vez siga siendo este estúpido sentimiento que a veces me hace creer que puedo dejar de ser yo en cualquier momento… No sé, es extraño, absurdo, me quedo pensativa mientras me miro al espejo. Soy guapa, lo suficientemente guapa para sentir cómo las miradas me siguen por la calle, me visto y me pongo mis tacones y camino erguida, con el pelo suelto, flotando con el viento, los ojos claros siempre alertas, mirando todo a mi alrededor pero sin posarse en nadie en concreto y sí, lo noto, siento cómo me mira la gente, tengo un estilo propio, un atractivo definido y, aún así, sigo encerrada sin saber por qué.
De pronto conocer a alguien nuevo es todo lo que quiero y, cuando eso ocurre, sin saber cómo, le abro un poco la puerta, parece que quiero dejarle entrar, sí, él también lo piensa, pero no es cierto, sigo encerrada y le cierro la puerta de golpe, da igual si me quedo llorando al otro lado, porque le pido que no se marche, porque quiero que se quede pero me da demasiado miedo salir yo…
Lo sé, es absurdo, tanto que ni siquiera sé si vale la pena seguir en esta tesitura, no quiero oponerme a la vida, a pesar de querer volar sigo acostumbrada a mi oscuridad, tanto tiempo alimentándome de ella, tanto tiempo luchando con Wendy que ahora sólo queda ella, y sé que se ríe de mí, porque soy frágil, tanto que ni siquiera nadie es capaz de buscar ese hilo del que tirar… Lo sé, las cosas no funcionan así hoy día, en esta realidad nadie espera por nadie, quien sino es capaz de ver más allá de mi vestido, de mi pelo rubio, de mis ojos verdes… no hay más, esta envoltura a veces no deja adivinar el alma y a pesar de eso, aunque lo único que quiero es mostrarla, sigo encerrada, supongo que aún quedan residuos de autoestima baja y miedos por volver a abrir demasiado la puerta.
Tal vez sea esta la única oportunidad que tenga, tal vez sea sólo una de tantas que han de venir, pero de pronto aparece alguien al otro lado y no puedo, aunque quiera con toda mi alma, dejarle entrar en mi vida.
La soledad no es más que el reflejo de demasiado tiempo pegada al cristal de una ventana, esperando y soportando tormentas de idas y venidas, y ahora, cuando el tiempo juega en mi contra y el regreso a aquel lugar donde empezó todo está a la vuelta de la esquina, me queda esperar que él sea capaz de esperarme… Y sino, lo siento, ya abriré la puerta en otra ocasión, si no quiere esperarme, me quedo sola, ya vendrán nuevos amaneceres, ya volverán…

miércoles, 31 de agosto de 2011

Despedida...

Ha sido una sensación rara la que me subía y bajaba hasta la boca del estómago, todo el día esa sacudida dentro de mí, como una estampida de emociones, algo incontrolable, y me he tenido que morder la lengua varias veces durante la mañana, respirar hondo, cerrar los ojos e intentar disipar esa nube sobre mí, esas ganas de llorar así de repente. Sé que no es malo desahogarse y reconozco que no he podido evitarlo en algún momento que otro, el momento del adiós, esos abrazos de despedida que no son más que un hasta luego, porque sé que pronto voy a volver.
Decir adiós siempre cuesta, aunque sea un adiós relativo, aunque sea temporal, quien sabe, un día, un mes… las cosas son demasiado complicadas ahora. Y sólo queda esperar… a que suene el teléfono un día cualquiera, a que pueda volver a pisar los pasillos largos, volver otra vez a las rutinas, a las quejas de siempre, a ver las mismas caras, aguantar la presión, los madrugones… Nunca me han gustado demasiado las despedidas, es como si de pronto todo lo que ha existido cambiara de estación, la gente es la misma, el entorno, pero tú no, y de pronto te das cuenta de que el día llega y sin saber cómo ha ocurrido, estás despidiéndote de todo.
Me quedo con los abrazos de aquellos que me importan, con la sensación de apretar fuerte a alguien contra ti y sentir de veras el calor, y escuchar que esté tranquila y que tenga paciencia sé que es lo único que puedo obtener ahora. Los tiempos acaban por desolarlo todo, las mejores intenciones, las mejores vocaciones, y en la jungla hospitalaria, donde parece que siempre van a hacer falta dos manos más, de pronto reina el caos.
Irme así, con la cabeza agachada, con las lágrimas en los ojos después de doce años, caminar por los pasillos, recoger mi taquilla, salir por la puerta y mirar atrás, quedarme unos segundos en el coche antes de arrancar y poner rumbo a casa, despidiéndome en silencio de este edificio que me acoge cada día…
La sanidad se hunde, la sensación de descontrol es tal que a día de hoy, estos despidos temporales a gente válida son como un jarro de agua fría donde te cala hasta los huesos la mala gestión…
Esperando obtener pronto una llamada del hospital, estos días me quedo de “vacaciones obligadas” en casa, a ver si consigo disfrutar de los últimos coletazos de un verano extraño…
Volver sé que está a la vuelta de la esquina, aunque las condiciones cambien, aunque mi vuelta no sea más que estrellarme contra el cristal de la ventana.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Regreso al pasado...

A pesar de haberlo imaginado muchas veces, sé que no existe, que el tiempo es algo incontrolable y todos los días que se marchan ya no vuelven. Las cosas cambian, como las estaciones, traen escenarios nuevos a nuestra vida y, mientras tanto, muchas veces nos limitamos sólo a verlas pasar sentados en una silla o intentando retener historias, momentos, giros de la vida que se esfuman mientras pasa el tiempo… Sí, ya sé que no existe, a pesar de haber fantaseado muchas veces con ella, a pesar de haberme hecho películas una y otra vez… La máquina del tiempo… Ojala pudiera ser real y transportarme al futuro, me encantaría verme de aquí a unos años, cómo estaré, quien seré, quién compartirá mi vida, si tendré hijos, si me habré dejado el pelo largo como tantas veces me he planteado, si me pareceré en algo a la mujer que ahora soy… pero no puedo, por más que lo imagine o construya mi vida en sueños… Y ahora, a punto de acabar un agosto extraño, parece que hiberno en lugar de buscar los rayos de sol, y sin darme cuenta, sin saber cómo, me encuentro con un pie metido en la máquina del tiempo, a punto de volver al pasado… Me pregunto por qué, si es una ironía del destino, si vuelve a jugarme la vida una mala pasada o simplemente se trata de un golpe de suerte, si se mofa de mí el azar, si me da la oportunidad de resolver historias semienterradas en mi vida… No lo sé, no lo entiendo, y sin embargo ya voy asimilándolo poco a poco, me queda un mes de mi vida de ahora para volver de nuevo al pasado… No sé si podré resistirlo, no sé si sobreviviré a esta nueva etapa que no es más que el reflejo de mi vida anterior. Hace unos años era yo mientras construía castillos en el aire, mientras me imaginaba convertida en lo que ahora soy y sí, tal vez el futuro sea incierto, tal vez sea solo la antesala de mi vuelta al pasado, quien sabe, mientras tanto no me queda otra opción, respirar hondo y volver a encontrarme con esos viejos fantasmas que enterré en un baúl.
Quiero seguir siendo yo, a pesar de que la máquina del tiempo se empeñe en acercarme una y otra vez a lugares de los cuales eché a volar hace meses. Sigo volando, con vuelo bajo, rasante, para aterrizar otra vez por ciertos mundos que traen consigo encuentros demasiado imposibles de ignorar.

domingo, 14 de agosto de 2011

Sonríe... Mírate...

Tiene los ojos azules, pero no de un azul cualquiera, es como cuando miras al cielo en un día radiante de agosto, limpio de nubes, cubierto de una luz cegadora. El azul de sus ojos es claro, sereno, como un mar en calma, y te mira con el don de traspasarte, y notas cómo de pronto la brisa del mar te toca la cara y casi puedes nadar en esa mirada sin más. Tiene los ojos azules y la sonrisa dulce, se le hacen unos hoyuelos en ambas mejillas que te hacen sonreír a ti también, sin darte cuenta, y ahí está, mirándome, sonriendo y siguiéndome con sus ojillos azules por toda la sala. Yo voy caminando arriba y abajo, apenas sin prestarle atención, pero ahí está, la mirada azul sobre mí, haciendo juego con mi uniforme.
Le miro de soslayo de tanto en tanto, y sonríe de nuevo, se nota que, a pesar de estar allí, está tranquilo, como cuando aceptas algo, lo asumes y aprendes a vivir con ello. Le veo sosegado, bromeando con todos mientras me pregunto qué debe pasar por su cabeza de pelo rubio y revuelto… Es difícil imaginarse estar en una situación así y llevarlo tan bien, quizá sea sólo una fachada, quizá en el fondo se maldiga cada día, pero no hoy; esta mañana parece en calma, hasta contento, sus ojos no pueden transmitir otra cosa, y siento cómo me mira, no me conoce y me estudia, mis movimientos, mis preguntas… es todo un mundo, él sabe más que yo y sin embargo él sigue estando al otro lado.
Comienza una conversación trivial con una compañera, le dice lo contento que está, se va una semanita fuera, ya lo tiene todo arreglado, respira tranquilo y vuelve a sonreír.
¿Te vas fuera? Le pregunto…
Sí, me voy a las islas, de vacaciones, ya tengo mirados los hospitales de allá, no habrá ningún problema.
Le digo que me alegro mucho mientras pienso en lo valiente que es, en que quizá yo hubiera perdido la luz de mi mirada.
Lo conectan a la máquina de diálisis y se deja dormir, serán cuatro horitas, como siempre, está demasiado acostumbrado ya. Yo le observo desde el otro lado y me guiña un ojo mientras me dice que le encanta ver una chica tan guapa pululando por la sala hoy. Me hace sonrojarme un poco, sus ojos y su cara son como un cristal transparente donde puedo verme reflejada, nos miramos unos segundos más y siento que está a punto de decírmelo, lo sé, tengo la mirada triste, y tal vez sea cosa mía, tal vez no, pero se inicia una conversación sin palabras entre nosotros, una especie de intercambio de emociones.
No estés triste, me sonríe, mírate…
Lo sé, a veces no puedo evitarlo, hoy no tengo un día especialmente bueno.
¿Qué ocurre?
Bueno, en realidad en mi vida nada, todo sigue igual, pero me he enterado de algo que me ha dejado triste.
Vaya, lo siento…
No pasa nada.
Mírame a mí, estoy contento hoy, sonrío mientras mi sangre es bombeada por esta máquina enorme día sí día no, soy un esclavo porque he tenido la mala suerte de que mis riñones no funcionen. Quisiera poder irme fuera sin la necesidad de tener que buscar un hospital donde me dialicen, quisiera poder tener una vida normal. Me veo y me pregunto… ¿por qué a mí?
No tengo respuestas, no las hay, las circunstancias de la vida supongo, el azar, el cuerpo humano, los caprichos del destino, no lo sé. Me acerco y le cojo la mano, sé que es posible a veces hablarse sin palabras y, con una media sonrisa en los labios vuelve a guiñarme un ojo mientras escucho que me llaman.
Tengo que irme, luego vengo a verte.
Y me alejo despacio, con sus ojos aún clavados en los míos, y pienso de nuevo en mí, en los excesos de información, en los momentos que aún tengo por delante, cosas que hay que pasar, malos tragos, malos encuentros, y sin embargo, sonrío, porque a pesar de que algunas veces aún reconozco mi mirada triste en el espejo, intento ser feliz con mi suerte, porque lo que me ha tocado vivir es un pequeño resquicio de dolor comparado con lo suyo.
Mañana será otro día, pienso, mañana vendrá y después muchos más donde, quien sabe, quizá siga encontrando en miradas extrañas las palabras que necesito oír.
Sonríe… Mírate…

sábado, 13 de agosto de 2011

Por exceso de información...

La información a veces cae sobre uno como una losa, sin compasión, sin piedad, cae y arrasa, desarma, alborota, desola todo a su paso… la información, el saber algo que es evidente y que antes no se sabía, algo que de pronto aparece ante mí como un fantasma, algo que podía imaginar y que no quería creer… La información a veces llega del lugar más insospechado, como una casualidad, como si pasara simplemente por ahí, se cruza en el camino y se deja ver, se muestra, se exhibe, contoneándose, regodeándose, es así, tan simple, tan letal, tan estúpidamente absurdo.
De pronto ocurre, sin más, mientras los días son iguales, mientras me inundo en una rutina que agradezco, otra vez un atisbo de información que pretende buscarme por los pasillos, que huele mi dependencia emocional y me sacude, que se empeña en recordarme los por qués, las razones, el poco sentido que tiene ya todo.
No necesito saberlo porque ya lo sé, no quiero seguir buscando respuestas a preguntas que sí, reconozco que me consumieron en su día, pero ahora ya no, ahora no me interesa, prefiero vivir en la ignorancia hasta que la realidad me haga caer de bruces… es así, tanto cuesta entenderlo? Pero no puedo, me busca, me persigue, ahora quizá con la mejor de las intenciones, lo sé, pero desarmando un puzzle que ya tengo casi montado nuevamente… La información hoy es como un golpe de calor que me deja un tanto lipotímica, me desmayo mientras lo pienso, vale, lo sé, pero no quiero saberlo, ya no quiero saberlo.
Ahora, cuando la información me encuentra, cuando da conmigo y se cuela en mis oídos, queda la rabia, las ganas de gritar que ya es tarde, que salí hace tiempo y que no me interesa. No me quedan más cosas que decir, aunque tal vez necesite contarlo con el tiempo, he salido del bucle y sin embargo, siento ese imán, ese campo magnético que me intenta atrapar, que resurge de la nada cuando ya lo tengo olvidado y me cuenta cosas nuevas, cosas que no quiero saber, que me persiguen… Lo sé, la certeza hace que sea tangible, que pueda tocarlo, pero ahora ya es tarde, ya no me interesa, por qué se empeña en volver??
No quiero empezar este nuevo proyecto con las impurezas de mi alma sobre la mesa, esta vez no. No quiero saber ya nada, no quiero más sensación que la del sol bañando mi cara, sentir que he subido un peldaño más y que mirar hacia abajo es imposible a estas alturas. No quiero más información sobre capítulos cerrados en mi vida, sólo páginas en blanco… muchas… todas!!

viernes, 12 de agosto de 2011

Buenos días, YO

No soy nueva en esto y sin embargo aquí estoy, me siento como una novata en su primer día de clase, con la ilusión y el miedo propios de estar ante un nuevo proyecto… Es complicado, muy difícil deshacerse de un personaje al que quiero y que ha formado parte de mí, pero soy consciente de que no puede acompañarme siempre, Wendy se acabó, Wendy consiguió cerrar la ventana, abrir la puerta y marcharse a pasear bajo la lluvia, quien sabe, buscando el sol o simplemente dejándose empapar, no importa… La lluvia ya es lo de menos, al igual que las historias que Wendy arrastra tras de sí, historias demasiado tristes… Por qué inspirará tanto el desamor?? A veces creo que soy un espécimen extraño que se alimenta de lágrimas, como un monstruo mitológico que en lugar de dos cabezas tiene un corazón demasiado grande donde cabe de todo, como un vertedero, voy asumiendo cada vez más cosas y al final, cuando consigo desechar el dolor, tal vez ahora, tal vez mañana, me quedo con el vacío que deja… Quien sabe, tal vez Wendy haya muerto del todo, no sabría decirlo con exactitud, pero recuerdo la última vez que la miré a los ojos, tenía miedo, no quería irse, y me pidió que siempre la conservara…
Ahora, en este punto del camino, en este preciso momento en el que había decidido olvidarlo, vuelvo a este proyecto, sigo siendo yo aunque distinta, pues me despojo de un personaje para ver si soy capaz de alcanzar más mi verdadero yo. Ya hace tiempo que no lloro, que no me lamento por pérdidas absurdas, por eso tal vez sea que Wendy se marchó, sin embargo, de vez en cuando, algo aflora en mí, porque en el fondo sigo siendo yo aunque sea otra, y los miedos que viví bajo esa apariencia, las historias, los sentimientos, fueron demasiado reales.
La vida está llena de etapas, de fases, de momentos, de situaciones que nos hacen caminar en un sentido o en otro, y bueno, tal vez sea este el momento de parar y fijar mi vista hacia otro lugar, Nunca Jamás está demasiado idealizado y en el fondo sé que es un lugar que sólo existe en mis sueños…
Buenas noches Wendy, buenos días Yo.

(dedicado a Wendy, protagonista de mi anterior blog… En la vida los tiempos nos marcan los caminos, y las personas con las que nos cruzamos a veces dejan huella...)